Mi entrenamiento con An´ichi Miyagi Sensei, por Morio Higaonna

Publicado: 9 febrero, 2010 en Higaonna sensei

Comencé mi entrenamiento en Karate Goju ryu en abril de 1955, cuando tenía dieciséis años. No era mi primer encuentro con el Karate, ya que había entrenado Shorin ryu por dos años. Mi padre fue mi primer profesor, y comenzó a enseñarme cuando tenía catorce años. Cuando cumplí quince, comencé a entrenar con Shimabukuro Sensei, que enseñaba Shorin ryu en el club de Karate del institutoy había entrenado Goju ryu con Chojun Miyago Sensei dos años. Un día me habló del intenso poder del Goju ryu y me recomendó que le echara un vistazo, así pues caminé el camino de tres minutos que me llevó a casa de Chojun Miyagi Sensei y fui presentado en el dojo por Kenji Kanashiro, un miembro del club de Karate del instituto que también entrenaba en el jardín de la casa de Chojun Miyagi Sensei.

Me gustó lo que ví en el jardín de Chojun Miyagi y decidí que tenía que entrenar allí. Un hombre llamado Koshin Iha estaba encargado de recoger los pagos del dojo. Me acerqué a él, le entregué el pago por el entrenamiento y eché un vistazo por el dojo mientras él me inscribía. Un joven me causó una gran impresión. Sus técnicas de ataque – puños, golpes, patadas – eran rápidas como el rayo. Sus movimientos de pies (footwork) destacaban; sus movimientos eran ágiles y rápidos, como los de un gato, y al moverse ejecutaba las técnicas con una belleza exquisita; sus brazos, palmas y dedos fluían perfectamente con el resto del cuerpo.
“¿Quién es él?” le pregunté a Koshin Iha.
“Es An´ichi Miyagi” dijo señalándole. “Es el que más sabe. Ve y aprende de él.”
La práctica comenzaba a las siete de la tarde. A las seis y media yo era normalmente el primero en llegar. Entraba al dojo por la puerta de atrás y tras saludas a la esposa de Chojun Miyagi comenzaba a limpiar el dojo, barriendo el suelo y echando algo de agua para evitar que el polvo se levantase durante el entrenamiento.
La esposa de Chojun Sensei siempre se sentaba en la cocina mientras yo preparaba el dojo. A menudo, cuando había acabado, me llamaba y me daba una mandarina, hablándome a veces de Chojun Sensei, que había muerto recientemente, o sobre los estudiantes antiguos del dojo. Dos cosas que me repetía a menudo resuenan en mi cabeza: “para aquellos que practican las artes marciales, fumar es lo peor que le pueden hacer a sus cuerpos, por lo que jamás deberían hacerlo” y “deberías aprender con An´ichi Miyagi.”

AN´ICHI MIYAGI

An´ichi Miyagi nació en Naha el 9 de febrero de 1931. Perdió a sus padres en la Segunda Guerra Mundial y con catorce años comenzó a ocuparse de sus dos hermanos más jóvenes, empleándose en la base militar de Kadena. Ellos vivían a cinco minutos andando de casa de Chojun Miyagi.
An´ichi oyó hablar de Chojun Miyagi por un amigo que trabajaba en la base y estaba interesado en aprender Karate. Junto a otros tres amigos, fueron a casa de Chojun Sensei a pedir permiso para aprender de él. Tras obtener el permiso, An´ichi comenzó a entrenar bajo Chojun Miyagi el 1 de febrero de 1948, con diecisiete años.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la vida en Okinawa era una lucha constante. La comida era tan escasa que la gente tenía que hacer muchas horas extra para asegurarse de que tendrían suficiente comida para alimentar a sus familias por la noche. Los alumnos antiguos de Chojun Sensei, incluyendo a Meitoku Yagi, Eiichi Miyazato y Genkai Nakaima no iban a casa de Chojun Sensei a entrenar, pero solían visitarlo en ocasiones. An´ichi y sus amigos fueron los únicos que entrenaron en el dojo jardín durante el período posterior a la guerra.
Los cuatro estudiantes comenzaban la práctica con junbi undo, desde heiko dachi ejercitando los dedos de los pies y los pies. Entonces hacían ejercicios para desarrollar fuerza en las piernas, seguidos de estiramientos, después ejercicios repetitivos de pateo, aprendiendo a ser muy rápidos con las rodillas. Tras eso hacían ejercicios de estiramiento y fortalecimiento de muñecas, codos y hombros y calentaban las articulaciones. Siguiendo a eso hacían ejercicios para el torso y el cuello.
“Debes practicar junbi undo correctamente y con gran cuidado” les decía Chojun Sensei. “Si lo hacéis así vuestras técnicas de puño y pierna vendrán fácilmente. También facilitarán la ejecución de los kata.”
Después del junbi undo venía el hojo undo, usando herramientas como el chilar aishi (chiisi). Tras eso, makiwara, Kakie y Kata Gekisai dai ichi.
Pero las rigurosas condiciones de esos tiempos pesaron mucho sobre los compañeros de An´ichi, y después de un año dejaron de entrenar. Sólo An´ichi permaneció en el dojo del jardín, practicando hasta la extenuación mientras Chojun Sensei le observaba como un halcón.
Chojun Sensei continuó enseñando Karate en la Academia de Policía donde varios estudiantes antiguos, como Eiichi Miyazato, dividían su tiempo entre el Judo y el Karate. Pero Miyagi Sensei continuaba enseñando a An´ichi cada día en su casa. Chojun Sensei gruñía afablemente a An´ichi diciéndole: “enseñarte a ti solo es más cansado que las clases de grupo de la Academia. Allí enseño a un grupo grande y todo lo que hago es contar. Cuando te enseño, yo trabajo constantemente, corrigiendo tus técnicas y demostrándotelas. Me tenso por la frustración de ver que ejecutas técnicas que no has dominado aún. Y eso me cansa.”
Ahí Chojun Sensei tenía sesenta años. Se daba cuenta de que el desarrollo del Naha-te había sido el trabajo de la vida de su maestro, Kanryo Higaonna, quien se lo había confiado a él. Ahora que él mismo se aproximaba a una edad mayor y a la muerte, sentía que si todo se perdía, el trabajo de toda una vida de su maestro podría no pervivir. Chojun Miyagi estaba determinado a transmitir sus enseñanzas.
A menudo, después de entrenar, An´ichi solía relajarse y escuchaba las largas disertaciones sobre historia y técnica. A menudo hablaba del cielo y tierra, del yin y el yang y de la relación del hombre con la naturaleza, así como de materias médicas y científicas. Algunas veces, se callaba y se decía a si mismo, como reflexionando: “Ah, ojala Jiru (Jin´an Shinzato) estuviera vivo; así podría descansar fácilmente.” Jin´an, según supo An´ichi, fue el mejor alumno de Miyagi, pero murió en la guerra. Miyagi pretendía dejar el Goju ryu en manos de Jiru.
Los siguientes dos años, de 1949 a 1951, An´ichi entrenó de manera intensiva cada día con Chojun Miyagi Sensei en el dojo del jardín. Miyagi sensei comenzó a dar a An´ichi trabajo extra, algunos de los cuales parecían no tener sentido. Un ejemplo típico de esto era decirle a An´ichi por la noche que volviese la mañana siguiente temprano a las 8 de la mañana para mover las pesadas piedras del jardín de un lado a otro del patio. Al día siguiente le pedía que las llevase al mismo sitio, y días después a otros lugares. An´ichi se dio cuenta de que Miyagi Sensei estaba comprobando su personalidad, confirmando la determinación de su estudiante por hacer las cosas correctamente.
A menudo, mientras entrenaba, Chojun Sensei realizaba kata junto con An´ichi haciendo kiai con pasión, levantando el ánimo de An´ichi. También le enseñó bunkai con gran detalle. Y con el tiempo fue más allá de los básicos para enseñarle las técnicas ocultas que hay detrás de cada movimiento. Cuando caía la noche iban a casa de Chojun Sensei y continuaban la práctica, con Chojun Sensei hablando por mucho tiempo sobre los movimientos y sus significados. Entonces una noche Chojun Miyagi le confió esto. “An´ichi”, dijo seriamente, “ni siquiera a Jiru le enseñé con tanto detalle. Te he transmitido la esencia (gokui) del Goju ryu. Debes entrenar duro y apreciar este tesoro que te he dado.”
El estallido de la Guerra de Korea trajo de repente una gran cantidad de actividad extra a las bases americanas instaladas en Okinawa. El trabajo de An´ichi se incrementó y a veces no podía practicar por las noches. En una ocasión, faltó tres días consecutivos. Chojun Miyagi se preocupó y visitó a An´ichi temprano la mañana siguiente. An´ichi despertó en presencia de su maestro, y tras escuchar la preocupación de Chojun Sensei, le explicó lo ocupado que estaba. Se disculpó por no habérselo hecho saber antes. Chojun Sensei se alivió de que su estudiante siguiera con el entrenamiento, sonrió, vio que la habitación de An´ichi estaba desordenada y le mandó recogerla.
En 1952, Chojun Miyagi comenzó a admitir nuevos estudiantes en el dojo, entre los que estaban Saburo Higa, Yuno Aragaki, Sosaburo Aniya y el hermano pequeño de An´ichi, Mitsuhide, de doce años, que era el más joven estudiante allí. An´ichi era ahora un Sensei y les enseñaba junbi undo, básicos y kata mientras que Chojun Sensei miraba y ocasionalmente les corregía.


Esta información se me facilitó durante varias conversaciones que tuve a lo largo de varios años con Seiko Kina, Nakamoto Seijin, Iha Koshin, Bise Chishin y Shuichi Aragaki Senseis, entre otros. An´ichi Sensei por si mismo nunca me dio este tipo de información, pero tras escucharlo por tantos cauces diferentes finalmente le pregunté si eran ciertas esas historias. Me las confirmó. An´ichi Sensei no es del tipo de personas que fanfarronean, y rara vez habla de si mismo. Sólo tras entrenar muchos años bajo su mando comenzó a confiar en mi, e incluso entonces, hasta que no descubrí su relación con Chojun Sensei a través de otras personas él no me dijo nada.
El 7 de octubre de 1953 An´ichi fue el útimo en abandonar el dojo, despidiéndose de Chojun Sensei y su esposa. La mañana siguiente, en el trabajo, un compañero le señaló. Con voz sombría le dijo “An´ichi, acabo de escuchar en la radio que tu Sensei ha muerto.” Conmocionado, An´ichi abandonó el edificio y salió corriendo hacia la casa de Chojun Sensei. Cuando llegó, la familia de Chojun Sensei, sus alumnos, amigos, vecinos y otros maestros y alumnos de diferentes escuelas estaban en la entrada de la casa esperando pasar para presentar sus respetos. A la edad de veintidós años, An´ichi entró a casa de su Sensei y le dio el último adiós a ese gran hombre.
Después de unas pocas semanas tras su muerte, la cuestión del sucesor del dojo comenzó a surgir. Los estudiantes antiguos de Chojun Sensei se reunieron en casa de Genkai Nakaima. Estaban presentes Seiki Kina, Meitoku Yagi, Jitsue Yogi, Eiichi Miyazato y Koshin Iha, entre otros estudiantes antiguos. Nakaima sugirió que el líder del grupo debía ser el estudiante más antiguo, Seko Higa. Eiichi Miyazato dijo que cuando entrenaban en la Academia de Policía, Chojun Sensei le había nombrado su sucesor, y que debía dar las clases allí también. El encuentro terminó sin resolverse. Tiempo después, la viuda de Miyagi Sensei visitó a los alumnos antiguos y los convenció de que Miyazato Eiichi era el más adecuado administrativamente para llevar el dojo. Después de un período respetuoso de luto, el entrenamiento se reanudó en el dojo del jardín. Eiichi Miyazato se encargaba de los aspectos administrativos, Koshin Iha de la contabilidad y An´ichi era el instructor.
Dos años después yo me uní al dojo. Bajo la atenta instrucción de An´ichi Sensei comencé a amar el Karate. Su técnica era superior e inspiradora, obligándome a entrenar cada vez más duro con la esperanza de que algún día pudiera ser tan bueno como él. Tuve el honor de practicar en el dojo del jardín de la casa de Chojun Sensei dos años, tras los cuales, con la ayuda de todos los estudiantes, Eiichi Miyazato construyó un dojo con suelo de madera en 1957 al que llamó Jundokan.
Continué entrenando en el Jundokan cada día con otros estudiantes bajo la guía de An´ichi Sensei. De hecho, la mayoría de los miembros antiguos aprendieron sus kata y bunkai de An´ichi Sensei, incluyendo a Nanko Mine, Shichiya, Ryosei Aragaki, Shinzo Chinen y yo mismo. Koshin Iha aprendió Suparinpei kata de An´ichi Miyagi Sensei.
Las diferencias de criterio sobre cómo había de hacerse los kata comenzaron gradualmente. Así, en 1959 bajo la presión financiera de tener que mantenerse a él y a sus dos hermanos menores, y cansado de aguantar que se hicieran cambios en los kata, An´ichi Sensei abandonó el Jundokan, aceptando una oferta de una empresa de cisternas mejor pagada.
Continué entrenando cada día en el Jundokan hasta 1960, cuando dejé Okinawa para ir a la Universidad Takushoku de Tokio. Mientras estaba en la Universidad continué entrenando. Encontré un pequeño dojo en el masificado distrito de Yoyogi y el hombre a cargo del mismo me pidió que enseñara allí. Gratamente acepté y comencé a entrenar tres días a la semana. El resto de la historia, creo que ya la sabes.

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