Okinawa, en busca de la verdad; por Garry Lever

Publicado: 10 febrero, 2010 en Historia

Tenía sentimientos encontrados en mi segundo viaje a Okinawa, en octubre de 2008. Por una parte estaba excitado por volver a la cuna del Karate do, y ansioso por hacer más estudios en las raíces del arte que quiero tanto, pero por otra parte no podía dejar de sentir la desilusión que tenía cuando dejé Okinawa la otra vez.

Fue durante mi última visita cuando descubrí que a Okinawa ya no le pertenecía el Karate y que las respuestas a mis preguntas referentes al arte del Goju ryu probablemente no las encontraría en la isla. El tipo de cuestiones que me hacía no eran fácliles de responder, y, en vez de admitir su falta de conocimiento en ciertos aspectos, la mayoría de bienintencionados sensei y seniors intentaban satisfacer mi curiosidad con débiles conjeturas o a veces con mentiras descaradas.

Mis preguntas no eran de naturaleza técnica, y después de que se me dijera una y otra vez que patease más alto, golpeara más rápido o que bajase la posición, me preguntaba si había viajado medio mundo para que me dijesen cosas que eran claramente poco importantes en el gran esquema de las cosas. La ejecución de los kata variaba mucho de una persona a otra, lo que está bien por sí misma, aunque necesite haber una razón y, en la mayor parte de los casos esta razón era de orden estético.

La gran pregunta que no paraba de sonar en mi cabeza era “¿por qué?” Esta exasperante pregunta era la que mantenía mi interés y me motivaba a seguir investigando, aunque parecía que todo el mundo había dejado de hacerse esta misma pregunta.

Cuando dejé Okinawa en 2003 realmente creía que había perdido mi oportunidad y que las respuestas a muchas de mis preguntas podían haberse perdido debido a la moda de estandarizar todo y enorgullecerse de llevar parches. Me parecía que la gente había perdido el deseo de buscar por sí misma y que las masas eran conducidas por personas al timón de algo que no sabían en qué dirección se suponían que estaban dirigiendo.

A pesar de esto, aún tenía algunas obligaciones que cumplir, y eran la principal razón para volver. Aún pensaba firmemente de ese modo sobre lo anteriormente comentado sobre el estado del Karate en Okinawa, aunque nunca podría haberle dicho un adiós definitivo a la isla sin haber presentado mis respetos y dar las gracias a Miyagi Chojun Sensei e Higaonna Kanryo Sensei.

Es extraño cómo pueden influir en la propia vida personas a las que nunca has conocido personalmente. Me pregunto si es esto lo que algunas personas encuentran en la religión. A pesar de no ser religioso, desde una edad temprana en mi vida ha estado presente la práctica del Karatedo, y el sello del budo marca cada aspecto de mi vida. Las lecciones de la vida desarrolladas a través del vehículo del Goju ryu son las que han forjado mi carácter y mentalidad, espero que para bien, y son las que continúan ayudándome en mi madurez en el curso de mi vida. Estoy seguro que muchos encuentran lecciones similares en el reto de correr una maratón o escalar una montaña; pero el camino que he escogido andar es el del Goju ryu, y debo una gran gratitud a los maestros que trabajaron tan duro para continuar esta tradición. Aunque nunca seré capaz de pagar esta deuda, lo menos que podía hacer era inclinarme ante ellos y expresarles mi gratitud.

A pesar de mis dudas en lo que concierne a entrenar en Okinawa, todavía una parte de mi quería creer que aún había personas buscando activamente los misterios del Karatedo, y buscando respuestas. Esta pequeña parte de mi hizo que Patrick McCarthy Sensei amablemente me escribiera una carta de presentación a Hokama Tetsuhiro Sensei, recomendándomelo como ayuda en estos aspectos.

Y así, con un plan de acción definitivo y una carta de presentación, llegué a Naha una vez más, y me dirigí al dojo de Hokama Sensei en Nishihara.

Es muy difícil describir el sentimiento que te embarga cuando llegas a Okinawa. Al revés de las erróneas impresiones que tenía de joven cuando imaginaba Okinawa como la isla dormida que se ve en Karate Kid II; Naha es una ciudad vibrante, llena de color, excitante e increíblemente ajetreada. Mientras te mueves rápidamente en el taxi por la calle viendo luces de neón en las que hay mezcla de kanji, haragana y katakana, te das cuenta de que estás muy lejos de tu ámbito familiar y seguro. Es aquí cuando en tus pensamientos hay mezcla de excitación y pánico. El taxista me dejó en la puerta del dojo de Hokama Sensei y me deseó suerte. Eran las seis y media de la tarde y por las ventanas del dojo se podía observar el transcurso de una clase de niños. Deslicé la puerta de entrada y ví a Hokama Sensei que rápidamente vino y me saludó como a un viejo amigo. La clase se detuvo momentáneamente y todos los niños vinieron a estrechar mi mano y decirme hola. Tras esto me senté en una mesita baja, en el suelo del dojo, donde Sensei comenzó a hacer té. Le cogí bastante cariño a esa mesa en las dos semanas siguientes, ya que allí pasé mucho tiempo con sensei, donde con más frecuencia compartía conmigo sus pensamientos sobre Karatedo. Tras el té hablamos de mis planes sobre el viaje, mi historial de entrenamiento y mi vida en general. Sensei pensó que lo más beneficioso para aprovechar mi viaje sería queestuviese en el dojo, y se hicieron los arreglos pertinentes para que me quedase allí a partir del siguiente día. No era consciente yo de la importancia de esa decisión entonces. Hokama Sensei estaba preocupado de que estuviese demasiado cansado tras mi vuelo, pero le aseguré que mi estancia en Okinawa sería muy limitada y quería aprovechar toda oportunidad para aprender con él. Con una ligera sonrisa que indicaba que iba a ser probado, me pidió que me cambiase de ropa. Cuando salí de cambiarme ví que empezaban a llegar miembros senior del dojo, y empezaban a calentar. Como boxeadores que comparten un mismo vestuario allí había una mezcla rara de cortesía, curiosidad y cansancio para con el nuevo visitante inglés. Cuando comenzó la clase nos alineamos en seiza y se me llamó para que me presentase. Intenté hacer lo mejor posible en japonés, y me las arreglé para arrancar unas sonrisas dado que cambié completamente el significado de algunas frases y fue algo cómico. Por ejemplo cuando dije en qué trabajaba, les dije que era un coleccionista de tickets indigente. Al menos sirvió para romper el hielo, y tras esto comenzamos el calentamiento. El calentamiento en el dojo de Hokama Sensei dura unos cuarenta minutos y consiste en una serie de estiramientos suaves, ejercicios de fuerza y acondicionamiento. Todos deseaban ver cómo se las arreglaba el visitante extranjero, por lo que hice todo lo posible por aguantar y dejar bien a mi profesor. Estaba contento de ver que mi nivel de acondicionamiento físico estaba en un nivel aceptable y transcurrió sin problemas. Después de esto pasamos a Sanchin kata por compañeros, para que uno hiciese shime sobre el otro para comprobar la ejecución. De nuevo se trató de un test para el espíritu, y la intensidad crecoó hasta ver en qué nivel me encontraba. Hokama Sensei estaba particularmente atento a mi ejecución de Sanchin, y esto llevó a una larga discusión entre él y sus estudiantes antiguos. Me hicieron un par de sugerencias sobre cómo podría mejorar mi Sanchin, y lo hicimos de nuevo. Tras Sanchin Kata practicamos diversos escapes desde diferentes tipos de agarre. Fue aquí la primera vez que ví el vasto conocimiento de Hokama Sensei sobre cómo infligir una gran cantidad de dolor a un oponente. Fui pinchado, golpeado, estrujado y alcanzado en lo que me pareció una eternidad; y todos estaban encantados de poder probar sus técnicas frente a un nuevo oponente. Aunque fue extremadamente doloroso para mí, comencé a sentirme más seguro ante la perspectiva de entrenar en ese dojo. Casi se podía sentir el calor escapar de los cerebros de los practicantes mientras pensaban sus aplicaciones y buscaban la manera de hacerlas más efectivas, así como de ver las infinitas variante que había en una sola técnica. El entrenamiento se llevaba a cabo en una atmósfera seria, pero ocasionalmente esta intensidad se ponía de relieve por lo ridículo de mi situación. Todos, incluido yo, se lo pasaron bien apalizándome. Es extraño cómo la acción de causar un intenso dolor a otro puede construir un buen entendimiento que trasciende la conversación verbal. Al final de la clase me había granjeado el cariño del resto de practicantes y comenzaron amistades que crecieron durante las dos semanas siguientes.

A la mañana siguiente llegué temprano para mudarme a la pequeña habitación que hay encima del dojo. Durante mi estancia entrenaba por las mañanas y a primera hora de la tarde, además de algunas noches cuando no estábamos visitando sitios históricos de la isla. Las clases grupales eran martes y sábados por la tarde temprano, y hay una atmósfera familiar, buena, entre los miembros del dojo. Hokama Sensei normalmente tiene que forzar a la gente a marcharse para poder acostarse, ya que muchos se quedan bastante tiempo tras la clase para charlar. Muchas veces ocurrió que mientras yo entrenaba solo Hokama Sensei bajaba de su casa que está encima del dojo, para asesorarme en mi práctica. Normalmente hacíamos un descanso en el entrenamiento y nos sentábamos en la ya mencionada mesita para beber té. Hokama Sensei hace su propia mezcla de té usando una receta del Bubishi que afirma que alivia los dolores y golpes. Durante estos descansos le preguntaba mucho sobre la historia y la teoría del Goju ryu, y Hokama sensei también me brindaba sus pensamientos sobre la vida en general y cómo la práctica del Karatedo puede ayudar a mejorar la existencia propia. En estas situaciones encontré respuestas que habían bullido en mi mente desde mi última estancia. Hokama Sensei es muy abierto con la información y piensa que abriendo su corazón a los que vienen a aprender, puede ayudar el trabajo de Miyagi Sensei e Higaonna Sensei al ayudar a los practicantes a elevar su compresión del arte, y asegurar así el futuro de esta maravillosa tradición. La influencia del deporte en el Karate está clara para todo el mundo, y Okinawa no es ajena este problema. Mientras que el karate deportivo tiene definitivamente su lugar, es importante no confundirlo con el arte marcial. El problema es que parece que hay poca distinción entre la práctica deportiva y el estudio del budo, lo que ha llevado a la situación actual donde las ideas y teorías se han perdido en las arenas del tiempo. El kata ofrece un oteo al pasado y contienen teorías e ideas probadas que han de ser estudiadas para después desarrollarlas. Con la venida del karate deportivo muchos movimientos que no tienen cualidad estética se cambian o son descartados. Esto ha llevado al decline del uso de técnicas tales como patear con los dedos de los pies, o golpear con un solo nudillo. Las técnicas, así como las áreas de ataque reflejan una falta de conocimiento marcial en lo que al karate deportivo se refiere. Hay un peligro total de que estas técnicas se pierdan en el tiempo, y que técnicas altamente funcionales se vean reemplazadas por movimientos que adolezcan de toda intención marcial. Hokama Sensei tiene como misión solventar este problema abriendo su dojo a cualquiera que desee aprender la verdad de sus artes, independientemente del estilo que el practicante estudie. Sólo hay dos condiciones con Hokama Sensei: buenos modales y voluntad de buscarte. Hokama Sensei no es de los que da información de manera gratuita, sino que corresponde al estudiante hacer las preguntas correctas y mostrar un nivel de compromiso para encontrar respuestas por uno mismo. Su enfoque en la enseñanza rememora la idea confuciana de “te mostraré una esquian de la habitación, pero depende de ti encontrar las otras tres.”

Durante el curso de mi estancia tuve muchas oportunidades para preguntar a Hokama Sensei sobre sus creencias y teorías acerca de la práctica e historia del arte del Goju ryu. Hubo bastantes ocasiones en las que, mientras y entrenaba, Sensei aparecía y me invitaba a almorzar con él en su casa. Era en estos momentos en los que estaba más abierto a responder preguntas, y donde pude ampliar mi entendimiento del arte y ver nuevos campos abiertos para mi estudio futuro. Tuve suerte de que mi visita coincidiese con el festival Naha Tug-o-war, al que fui en compañía de Hokama Sensei. Llegamos cinco horas antes debido a una confusión con los horarios del festival, por lo que visitamos los jardines chinos de Kume donde Sensei fue recibido con una cálida bienvenida por los trabajadores. Hokama Sensei me explicó que el no es sólo historiador de Karate, sino que estudia todas las áreas de la historia de Okinawa, y que esa era la razón por la que era conocido en los lugares de importancia histórica de Okinawa. Caminamos por los bellos jardines, y dado que estábamos en un marco ideal para ello, charlé en profundidad con Sensei por las teorías relativas a la mitología china y cómo está relacionada al Goju ryu. A Sensei le sorprendió mucho que yo mostrase interés por esto, y hablamos largo y tendido sobre la relación entre animales, numerología, puntos cardinales y las diversas teorías de las energías de la naturaleza. Muchas de las preguntas que habían estado en mi cabeza encontraban respuesta ahora y otras confirmaban mis propias teorías, y me hacían ver más direcciones en las que necesitaba trabajar un poco más. En última instancia estas teorías tienen poco que ver con la defensa personal, aunque son algo que me interesa y fascina de este arte. Hay tanto en los kata, burbujeando bajo la superficie y que pasa inadvertido para la mayoría de practicantes… A Hokama Sensei le encanta preguntar “por qué” y se cuestiona todo sobre su arte en una intensa búsqueda y visión científica para las fórmulas escondidas. Me dijo que el Karate es su vida y que desde que se levanta por la mañana hasta que se acuesta por la noche, en lo único que piensa es en Karate. Estar con alguien con esta dedicación es inspirador y espero que en otros cuarenta años comparta yo este mismo entusiasmo por el arte.

Tras esto cruzamos la calle hacia el Parque Matsuyama, donde hay monumentos dedicados a las 36 familias de Kumemura, así como el monumento dedicado a los logros de Higaonna Kanryo Sensei y Miyagi Sensei. Nunca supe por qué se escogió este parque para colocar este momnumento. Hokama Sensi me explicó que por 1800 el Parque Matsuyama era frecuentado por los pioneros del Naha te. Maestros como Maya Aragaki, Kojo, Nagahama, Maesato, Higa y muchos más quedaban en este parque para intercambiar ideas con los artistas marciales chinos del lugar. El Quanfa chino se ejercitaba vigorosamente en este parque, y cada persona solía tener un arma o un kata del cuál era especialista. Contrariamente al secretismo que se retrata siempre en esta época en lo que respecta a la práctica del toudi, Hokama Sensei afirma que la gente sabía que en este parque se venía a entrenar, y los estudiantes venían a pedir a los maestros que les enseñasen sus especialidades. Hokama Sensei piensa que esta era la época dorada del Naha te, y que el parque Matsuyama puede considerarse el lugar de nacimiento del Goju ryu. Fue en este parque donde un joven Kanryo Higaonna recibió su iniciación a las disciplinas guerreras, y donde su curiosidad por aprender en China se alimentó con las historias de los diestros artistas marciales de Fuzhou. Para el joven Higaonna, Fuzhou era un sitio al que TENÍA que ir, ya que era la meca de las artes marciales.

Hokama Sensei me llevó ante una vieja cepa de un árbol, y me dijo que aquí se hizo la famosa foto de Miyagi Chojun, Kyoda Juhatsu, Shinzato Ji´nan y Seko Higa. Caminando por el lugar cerca de la vieja cepa dejé mi mente vagar por el hecho de que estaba siguiendo las huellas de los maestros que me precedían.

Cuando volvíamos hacia Kumoji el Tsunahiki se preparaba con la llegada de multitud de personas que eran por segundos cada vez más, acompañadas de los tambores y tracas de fuegos artificiales que eran cada vez más fuertes. Me fijé en la hatagashira (bandera ceremonial) y pensé en cuántos maestros habían participado previamente en este mismo evento. Estos pensamientos se avivaron con las exhibiciones de Karate y Bojutsu que hubo. Todo el acto era espectacular y estaba encantado de poder ver la tradición por mi mismo y ser parte de ella. Después del acto central Hokama Sensei me llevó corriendo a conocer al árbitro principal, que vestía con el mismo atuendo con que recordaba haber visto a Miyagi Chojin y Kyoda Juhatsu. Sensei y yo nos sacamos fotos con este hombre e intercambiamos parabienes. Hokama Sensei estaba contentísmo y me dijo que habíamos sido afortunados y que había sido todo un honor. ¡No fue hasta el final del día que me dijo que se trataba del nieto del famoso Kojo Taite!

Cuando no estaba en el dojo entrenando me aventuraba afuera, explorando las zonas de Naha y Shuri que me eran familiares, y me dieron la oportunidad de revisitar los diversos lugares en los que había disfrutado tanto en mis viajes pasados. El castillo de Shuri no huele ya a pintura fresca, y tiene un aspecto más digno y que corresponde a su patrimonio. Lo mismo ocurre con la Shuri Mon. Estos lugares tan conocidos son dos de las imágenes que inmediatamente vienen a la cabeza cuando piensas en Okinawa, y estaba encantado de ver que con el paso del tiempo estas estructuras crecen en belleza. En Shuri tuve la oportunidad de subir a la ladera de piedra Kinjo. Para los que estén familiarizados con dicha ladera, seguro que apreciaréis el esfuerzo de conquistar tanto la colina, ¡como el clima! Me encanta hacer esto cuando estoy en Okinawa, ya que me imagino vivamente a Chojun Miyagi Sensei haciendo lo mismo cuando volvía de la escuela en Shuri. La oportunidad de andar, o a veces correr por los mismos sitios que nuestros pioneros del arte es lo que hace esencial una visita al lugar de nacimiento del Karatedo para los practicantes serios. Son recuerdos como estos los que más atesoro de mis visitas, y los que antes me vienen a la mente cuando dejo vagar mi mente. Como dije, Hokama Sensei es un apasionado de la historia del Karate, y ha dedicado su vida a investigar y dejar constancia de las historias individuales de los maestros del arte. Para los que comparten el mismo interés, Hokama Sensei organiza varias rutas a lugares históricos diseñados para adecuarse al linaje de Karate de la persona que hacer la ruta. Aquellos que hayáis visitado la isla y hayáis tratado de encontrar algunos de estos lugares estaréis de acuerdo en que es casi imposible localizar algunos de estos apartados lugares. Los taxis, traductores y el tiempo que se desperdicia desaniman al más dedicado explorador. Lo que quizá no se sabe fácilmente es que Hokama Sensei está encantado de organizar estas rutas para las personas interesadas que contactan con él a través del museo. Habiendo estado en una de estas rutas recomiendo de corazón esta experiencia. Que te lleven a estos sitios está muy bien por si mismo, aunque es la sapiencia en este campo de lo que más te beneficias. Por ejemplo, cuando visitamos la cueva Furuhein en Tomari, Hokama Sensei contó la historia de cómo un maestro chino conocido como Channan naufragó en la costa de Okinawa y se refugió en esta cueva. Incapaz de arreglar el bote por si mismo, se hizo amigo de un grupo de artistas marciales del lugar que entrenaban en un panteón que había al lado de la cueva. Intercambiando sus conocimientos de Boxeo chino con los practicantes, pasó varios kata que se mantienen en la línea de Tomari que Bushi Matsumora popularizó. El grupo de artistas marciales, agradecidos por la ayuda de Channan le ayudaron a reconstruir el bote para que pudiese volver a su nativa China. A su regreso habló de la gentileza mostrada por los okinawenses e hizo los arreglos necesarios para que otros maerstros chinos visitasen Tomari, cuyos artistas marciales se beneficiaron de la ayuda de estos maestros.

El panteón donde practicaban se conserva aún hoy, y hay gruesas paredes de piedra que rodean el lugar que fueron usadas por los practicantes como herramienta para fortalecer sus pies y manos. Se subían a lo alto y estaban en shiko dchi haciendo técnicas durante largos intervalos. También desarrollaban potencia haciendo saltos desde el suelo de arena a las paredes, algunas de las que tienen más de 4 pies de altura. También usaban las paredes para practicar el método de salto triangular sankaku que se usa para evadir el ataque de varios oponentes y situarse detrás de ellos para poder atacarlos. Sin los comentarios de Hokama Sensei en este lugar, no hubiese sabido esta información, y aunque no hay duda de que hubiese estado bien ver la cueva y la impresionante tumba, hubiese desperdiciado la oportunidad de probar estos métodos de entrenamiento y experimentar de primera mano esta parte de la historia del Karate. Por esta razón, la guía de Hokama Sensei es impagable.

Vistamos las tumas de Bushi Matsumura, Itosu Ankoh, Hanashiro Chomo, Motobu Choyu, Motobu Choki y muchos otros lugares de interés para los karatekas de todos los estilos. Para mi lo más importante fue poder finalmente presentar mis respetos ante las tumbas de Miyagi Sensei e Higaonna Kanryo Senei.

Arriba de las colinas de Ginowan está el lugar de descanso eterno de Miyagi Sensei, en un bello lugar con una preciosa panorámica de la costa de Okinawa. Abajo, mirando la siempre creciente ciudad de Ginowan, me imaginaba los cambios que Miyagi Sensei habría visto con el transcurrir de los años en su patria. Mientras me acercaba a la tumba, me entró miedo de repente ante la enormidad de la situación y sentí que no estaba preparado. Hay una energía indescriptible que impregna el alma al estar delante de esta estructura, como si el espíritu de Bushi Miyagi aún perdurase. Los okinawenses creen que mientras el cuerpo físico es algo temporal, el espíritu continúa perviviendo sin la necesidad del soporte físico. La veneración a los ancestros aún es practicada por los okinawenses, y Hokama Sensei cree firmemente que visitando estas tumbas somos capaces de compartir algo de la energía espiritual de los profesores que se fueron hace mucho tiempo. Como si sus espíritus tuvieran la oportunidad de manifestarse por si mismos de nuevo a través de la presencia física. Podría ser perfectamente por el gran respeto que le tengo a Miyagi Sensei, pero había algo único en la visita a esta tumba, y una sensación que no estuvo presente en ninguna otra de las tumbas de maestros que visitamos. Arrodillándome ante Miyagi Sensei, expresé mi gratitud al fundador del Goju ryu, inclinándome profundamente y dejando un presente a su espíritu. Hokama Sensei me sugirió que ejecutase un kata para Miyagi Sensei, y escogí ejecutar Tensho en su memoria, el kata que desarrolló como la expresión última de los ideales del Go y del Ju. Haciéndolo lo mejor posible ante su espíritu, espero que en el lugar donde se encuentre Miyagi Sensei esté orgulloso de sus esfuerzos en la promoción del arte del Goju ryu.

Más tarde fuimos a la tumba de Higaonna Kanryo Sensei. Muy diferente a la de su famoso estudiante, el lugar de eterno descanso de Higaonna Sensei era más reservado, como si quisiese estar solo. Aquel lugar da una sensación de gran antigüedad, y la tumba parece más erosionada por el tiempo que la de Miyagi Sensei. Cuando me arrodillé a presentar mis respetos, me di cuenta del hecho de que era parte de una gran tradición; una parte muy pequeña, pero una parte después de todo. Siguiendo las raíces del Goju ryu en Okinawa desde el parque Matsuyama a Higaonna Kanryo, Miyagi Chojun, Miyazato Eiichi y Hokama Tetsuhiro ví cómo cada parte de la cadena había luchado duro para forjar sus eslabones tan fuertes como pudieron para asegurar la integridad de la cadena entera. Como siguiente eslabón de la cadena debo hacer el mismo esfuerzo para forjar mi nexo de unión así como los de cualquier estudiante que desee formar parte de la siguiente generación. Sólo había una opción al elegir un kata que ejecutar frente a Bushi Higaonna, e hice Sanchin con mi mejor habilidad en su recuerdo.

Estaba profundamente agradecido a Hokama Sensei por darme la oportunidad de cumplir mis obligaciones para con la tradición del Goju ryu. Presentando mis respetos a los fundadores del arte podía dejar Okinawa seguro de que, si no tenía oportunidad de regresar más, al menos había hecho lo que me había propuesto hacer en la isla.

Cuando comencé a estudiar Karate de niño no tenía idea de la influencia que esta decisión iba a tener en mi vida. Como Hokama Sensei, hay pocos momentos del día en los que no estoy pensando en Karate. Para aquellos que desconocen el arte, es muy difícil de describir. TIENE que haber algo más en él que el mero acto de violencia física. Si dedicas tu vida a la habilidad de arreglártelas en una confrontación violenta, pero nunca tienes la oportunidad de ponerlo en práctica, en mi opinión se trataría de una existencia desperdiciada. Los beneficios del esfuerzo se recogen en la lección aprendida de la búsqueda del Karatedo, en el acto de ponerte el Dogi cada día y encararte contigo cada día. Eiichi Miyazato Sensei decía que la mayor lección que jamás obtuvo de Miyagi Sensei era la sencilla humildad. Esta es una cualidad que decaer enormemente en la sociedad moderna, y creo que si todos mostrásemos un poco más de humildad, el mundo sería muy diferente. Aunque no tengo ambición alguna en intentar cambiar el mundo con mi práctica de Karate, creo que mejorando mi personalidad a mejor puedo al menos ejercer algo positivo en aquellos con los que entro en contacto en mi vida diaria. Hokama Sensei cree firmemente que haciendo felices a los demás es algo que se nos devuelve en forma de recompensa al cultivar la felicidad en nosotros mismos. En la ciudad de Nishihara, a Hokama Sensei se le tiene un gran respeto. Me explicó a esto que, dado que quiere un mundo mejor, la gente le ve como a un chamán. En mi estancia con él, fui testigo de que varias personas venían al dojo por el simple hecho de pasar un rato con Sensei. Estas personas no eran practicantes de Karate. Algunas eran colegialas, otros doctores y otros granjeros. Diferentes modos de vida con diferentes problemas desde preocupaciones laborales, matrimoniales, y, en un caso muy estrafalario, el no poder mantenerse excitado. Acudían a Sensei a impregnarse de su energía, que pensaban que es traería buena suerte y cambiaría su suerte a mejor.

Hokama Sensei cree en su habilidad con fuerza y dice que ha ayudado a muchas personas a tener éxito en los campos elegidos por ellas. Hokama Sensei afirma que les envía “energía fuerte” que les influye en sus futuros. A pesar de la opinión de cada uno sobre esto, el hecho es que a través de la influencia positiva en estas personas, creen que sus problemas mejorarán. Este efecto positivo puede ser suficiente para que la gente cambie por si misma, y puede ser ese poquito de ayuda que necesitan para que tomen el control de su propio destino. De esta manera Sensei usa su posición para contribuir de manera positiva a aquellos que le rodean en su vida diaria. Esta es la verdad del Karatedo.

Pensamientos finales

Al decir adiós a Sensei y comenzar el largo viaje de vuelta al Reino Unido reflexionaba sobre mis pensamientos a mi llegada a Okinawa. La frustración de mi última visita había desaparecido, y esta vez volvía con optimismo por el futuro del arte. La verdad del Goju ryu es una mentalidad y es algo que trasciende lo meramente físico. El equilibrio entre la respiración con el movimiento, el infinito ciclo del In y el Yo en la naturaleza y el darte cuenta de cómo tu existencia se ajusta a este ciclo; esto es Goju. Conocer a Hokama Sensei ha tenido un profundo impacto en mi persona, y veo en él el tipo de practicante que me gustaría ser en otros 40 años. Al despedirme de Sensei me dijo que tendría un gran éxito en los próximos tres años, y que me enviaba una energía muy fuerte. No sé cómo se manifestará ese gran éxito, pero le estaré agradecido eternamente por la energía que ha compartido conmigo en los entrenamientos diarios y en las diversas charlas que hemos mantenido durante mi estancia. Su bondad y generosidad no tienen fin, y a al estar en su compañía he visto el impacto positivo que tiene seguir el budo en la vida de una persona. La pregunta ahora es qué impacto tendrá el budo para con el futuro de mi vida, y qué va a ocurrir en los próximos tres años.

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