Sensei Higaonna

Publicado: 10 febrero, 2010 en Higaonna sensei

Creo que entre los occidentales hay como un estereotipo en lo que respecta a los maestros de artes marciales. En las películas al menos, siempre parecen ser severos, serios,  incluso quizá  unos viejos ligeramente sádicos.
Sensei es un hombre difícil de describir con palabras, pero definitivamente no es nada de lo de arriba dicho. Si tuviese que describirlo, tendría que decir que realmente tiene una cierta “energía”- ¿calma? ¿sencillez? ¿humildad? ¿zen? Es también difícil describir el tenerle demostrando una técnica -con esa
potencia y velocidad aterradoras, si bien siempre con gentileza y control. Sabes que estás en buenas manos (por decirlo de algún modo).


Quizá, más que estas cosas, cuando pienso en Sensei, veo su alegre sonrisa- cálida e infantil, que es contagiosa. Cuando entra al dojo cada noche se toma su tiempo en compartir esa sonrisa con cada uno de nosotros- como un padre que mira orgulloso a cada uno de sus hijos.
En apariencia, este hombre bajo, rechoncho, de 70 años, luce un grueso torso y pies de hobbit (con dedos de los pies como los de las manos), más allá de la media japonesa. Sus manos y antebrazos se han ido haciendo gruesos y callosos con los años. La foto que muestro no captura realmente el estado
retorcido y nudoso de las manos de Sensei, que ahora se parecen mucho a la roca que golpea a diario en el dojo.
Paradójicamente, mientras que las manos de Sensei se parecen cada vez más a su roca, la roca misma se ha ido haciendo blanda y aceitosa con los años de uso -cualidades de cada uno que parecen borradas por el otro. Encima de la roca también yace un parche de hormigón -de nivel de sensei- una vez blanco, que se ha ido haciendo oscuro y suave y que casi te invita a que pruebes el reverso de tu puño (o al menos tu umbral de dolor). Estos objetos peculiares del dojo parecen ser partes también de Sensei como sus manos y pies. Son sencillos objetos que han compartido más tiempo con él que cualquiera de sus estudiantes o amigos íntimos.

Traducido del blog de Krista de Castella con su permiso.

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