Una historia de combate

Publicado: 11 febrero, 2010 en Higaonna sensei

Os dejamos con un extracto de un artículo bastante largo de la revista Fighting Arts International nº58 titulado The Okinawan: the life and times of Master Higaonna, de Paul Enfield.

La parte que os traemos arranca tras el cierre del dojo del jardín de Chojun Miyagi Sensei, con los entrenamientos realizándose en el famoso Jundokan dojo, más o menos en 1958…

“(…) El entrenamiento en el Jundokan continuó, pero de algún modo la atmósfera no era la misma que reinaba en el dojo del jardín. Higa Saburo había dejado de entrenar -debido a ciertas causas que le comentó a Higaonna- y los que quedaban del pequeño grupo que eran el núcleo duro del dojo del jardín iban en contadas ocasiones. Higaonna se encontró dando clases en muchas ocasiones y e lreto de entrenar como se había estado haciendo hasta entonces decaía.

A pesar de esto Higaonna continuó entrenando tan duro como siempre y había todavía fuertes karateka con los que entrenar. Una de las personas en particular que Higaonna Sensei recuerda de esa época es Matayoshi Shitayachi.

Shitayachi era un hombre muy fuerte por naturaleza, y también era un yakuza famoso en Japón. Incluso se hizo una película basada en su persona. Tras ser disparado en numerosas ocasiones, acabó siendo matado de un tiro por un asesino.

Antes de ir al Jundokan Matayoshi visitó muchos dojo de Karate en Okinawa. Su objetivo primordial en el entrenamiento era practicar combate libre. Luchaba con los miembros más fuertes de los dojo sin preocuparse del control. En un dojo en concreto el maestro tuvo que pedirle que se marchara ya que su presencia asustaba al resto de estudiantes, ue se marchaban.

Su reputación le precedía cuando llegó al Jundokan. Miyazato Eiichi le dijo que si quería entrenar allí debía de quitarse los tatuajes de los brazos (dichos tatuajes eran símbolo de su pertenencia a la yakuz, y no era deseable tener a miembros de una organización criminal entrenando en el dojo de uno). Al día siguiente Matayoshi fue a entrenar con unas cicatrices de quemaduras salvajes en sus brazos, que reemplazaban los elegantes tatuajes que había antes.

Matayoshi entrenaba por las tardes. Higaonna solía estar allí como siempre y como no había clases formales a esa hora, tenían una buena oportunidad de entrenar juntos. Solían practicar kihon, kata y Sanchin Kata, pero lo que más le gustaba a Matayoshi era el Iri Kumi (esa es la expresión okinawense para el combate libre, con énfasis en LIBRE).

Practicaban irikumi a diario. Higaonna recuerda que era como el combate real; no había intento de controlar las técnicas y todo valía, ashi geri (patadas bajas), patadas a los genitales…todo. Si podía, Matayoshi agarraba el gi de Higaonna y le golpeaba repetidamente. Iban el uno hacia el otro como perros locos, y en más de una ocasión Miyagi An´ichi los pillaba combatiendo y les decía que parasen, que parecían gallos de pelea. Ambos salían con las caras amoratadas y sangrientas, a veces con alguna costilla rota. La madre de Higaonna, viendo a su hijo en tal estado, pensaba que estaba loco y trataba que dejase el Karate. Por supuesto sus peticiones fueron desoídas…(…)”

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