Concéntrate en el enemigo real

Publicado: 17 febrero, 2010 en Filosofía

por Garry Lever

Una frase que usa mi sensei a menudo cuando trabajamos en parejas es “no compares, y no compitas”.

Siempre he pensado en esta frase como un recordatorio para estar al tanto del ego, y para no distraerse con la otra persona. Ahora veo esto de una manera un tanto diferente. Lo más difícil al entrenar con un compañero o, de hecho, en un combate con oponente real, es que a menudo nos distraen los propios pensamientos. Nos preocupamos tanto con cosas como “es más fuerte que yo”, “empiezo a cansarme”, “me duelen los brazos” o incluso “cuándo vamos a hacer algo diferente” que estamos ajenos al oponente real.

Al concentrarnos tanto en la persona que tenemos enfrente, nos permitimos el lujo de culpar al otro por la manera en que nos sentimos. Al compararnos y competir con nuestro compañero de este modo nos permitimos poner excusas y culpar al compañero por ser más fuerte o hábil que nosotros.
Algo en lo que he estado pensando últimamente es en cómo la práctica del hojo undo puede ayudarnos en este problema. Es para el budoka de suma importancia el desarrollo equilibrado del shin, gi, tai, y son a menudo mente/espíritu los que descuidamos, dando más énfasis a la actividad física. Lo bueno del hojo undo es que se usa la actividad física con el fin activo del desarrollo de la mente/espíritu.
Los aparatos de hojo undo no tienen mente. No tienen técnica alguna, ni habilidad. No van a cansarse y, francamente, no se preocupan ni lo más mínimo de cómo te sientes. Sencillamente harán su trabajo mientras quieras usarlas. Con esto presente, el karateka que se imbuye en la práctica de hojo undo no puede culpar de sus deficiencias a nadie, o a nada, salvo a él mismo.

Al entrenar con estos aparatos hasta la extenuación, no tenemos excusas ni donde escondernos de los pensamientos que vendrán a nuestra mente. Con cada pensamiento negativo, debemos contrarrestar de manera decidida y firme con uno positivo, instándonos a esforzarnos más y seguir adelante.
El oponente real es nuestra negatividad, y para controlar a este oponente no podemos escondernos culpando a influencias externas.

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