William Dometrich – un maestro occidental del camino oriental (I)

Publicado: 24 diciembre, 2010 en Historia

Uno de los maestros americanos con más conocimientos y uno de los profesores más respetados, William Dometrich es un icono vivo de los valores tradicionales del Karate y un eslabón directo a sus más fabulosos maestros. Nacido el 15 de marzo de 1935 en Clarksburg, Virginia, Dometrich leyó un artículo en 1950 en el Reader´s Digest sobre un hombre llamado Mass Oyama quien había matado un toro en una playa cercana a Tokio, Japón. Poco después leyó un artículo en una verdadera revista de Karate y Kung fu titulado: “The Scream and the Eagle Claw (el grito y la garral del águila )”. Se alistó al ejército americano y fue asignado a la fuerza de ocupación japonesa en la isla de Kiushu tras servir en la Guerra de Corea. Allí Dometrich fue introducido en el Karate por un marine que había estado en Okinawa y comenzó a entrenar en Chito ryu con Ichiro Shirahama, un estudiante directo del fundador del estilo, Tsuyoshi Chitose.

Pregunta: Sensei Dometrich ¿cuál es su actual posición en el Chito ryu Karatedo?

Respuesta: Soy el fundador y cabeza de la Federación de Chito ryu de Estados Unidos. Originalmente parte de la Chito Kai de Japón y de la Federación Internacional Chito Kai, la Federación de Estados Unidos declaró su independencia en 1994, doce años después de la muerte del dr. Chitose. Actualmente trato de cooperar con todas las organizaciones y profesores de Chito ryu.

Comencé las primeras clases de Chito ryu en Virginia en 1955 y abrí el primer dojo en Cincinati con Harvey Eubank y Ray Hughes en 1961. Fundé la Federación de Estados Unidos de Chito ryu a petición del dr. Chitose en 1967, y visité Japón recibiendo el grado de séptimo dan y el título de Kyoshi del dr. Chitose en 1971. Ofrecí una demostración en 1998 ante la familia imperial y recibí mi octavo dan entonces. En 1999 el Dai Nippon Butotukai, la organización más prestigiosa de artes marciales del mundo, me concedió el título de Hanshi.

P: ¿Cuánto tiempo lleva practicando artes marciales?

R: Cuarenta y ocho años. Cuando tenía quince años, en1950, leí sobre el Karate y quedé fascinado.

Decidí que el único camino para poder ir a Japón a estudiar este arte único era alistándome en el ejército, y eso fue lo que hice. Cuando llegué a Japón vi una exhibición de Judo a cargo de un grupo de policías. Cuando les pregunté por Karate me dijeron que el dr. Chitose era el profesor más excepcional de Karate de Kiushu.

P: ¿En cuántos estilos ha entrenado?

R: Uno, Chito ryu. No obstante he tenido muchas oportunidades de entrenar con algunos de mejores instructores de otros estilos como Shito ryu, Goju ryu, Shotokan y otros, lo que creo que ha mejorado mi entrenamiento en Chito ryu.

P: Sensei ¿quiénes fueron sus primeros profesores?

R: Tsuyoshi Chitose, Ichiro Shirahama e Hidika Ito.

P: ¿Qué me podría decir del dr. Chitose aparte de que era un gran profesor?

R: Comparado con otros profesores que he visto, es como si estuviese en otra zona horaria. Era extremadamente intenso, incluso cuando tenía ochenta años, y veía cosas que otros no. Tenía un intelecto fantástico y un buen físico también. Tenía una potencia tremenda y sus manos eran como pinzas de presión. Cuando estaba yo en un campeonato con el sr. Okazaki y el sr. Nishiyama se acercó Richard Kim y me preguntó que quién era mi profesor. Cuando le dije que era el dr. Chitose me dijo: “señor Dometrich, le diré algo que seguramente no sepa. Antiguamente, durante el esplendor del imperio japonés, el dr. Chitose era considerado como el más grande maestro de kata del mundo.” Casi como una ocurrencia pregunté: “¿Quién dijo eso?” El señor Kim respondió: “el mismo Gichin Funakoshi”.

P: ¿Era usted cercano a él fuera del Karate?

R: Se convirtió en un padre más que en un profesor para mi. Era un hombre muy amable y tenía una sonrisa maravillosa. Pero a veces, entrenando, si cometías un error repetidas veces, te echaba esa mirada que te decía que no debías cometer el mismo error de nuevo y que debías prestar más atención. Era una gran persona.

P: ¿Enfatizaba la defensa personal en su entrenamiento?

R: Hasta cierto punto. Más de lo que muchos estilos japoneses modernos. El dr. Chitose nació en Okinawa. Cuando fue a la escuela uno de sus profesores fue Gichin Funakoshi. Creo que los maestros que venían de Okinawa hacían mucha defensa personal. Creo que algunos de los últimos estilos en Japón se concentran más en el aspecto deportivo del arte.

P: ¿Podría contarme alguna historia de sus días de entrenamiento en Japón y en los USA?

R: ¡Tengo unas cuantas! Cuando estuve en Japón por primera vez oí hablar de un duro karateka que vivía al oeste de Kiushu. Mientras estuve allí no tuve la suerte o la desgracia de encontrármelo. Lo conocí en el verano de 1963 en Toronto, Canadá. Era un caballero, lo que me sorprendió gratamente. Después de llegar a su dojo y ponerse el kimono, conocía al terror de Kiushu. Todo su ser sufrió una transformación. Delante de mi tenía un sensei de Karate serio y dedicado, sin tonterías, y por mucho tiempo le tuve miedo. Su nombre era Masami Kuroda, el padre del Karate canadiense. Creo que el entrenamiento era más duro entonces que ahora. Apenas había daños y a las lesiones pequeñas no se les hacía caso. Creo que la técnica es ahora mejor que antes, pero el espíritu del viejo dojo era fantástico. Joe Lewis, que para mí es el equivalente al Choki Motobu americano, era un producto de su duro y ardiente entrenamiento. Cierta vez un sensei que desea permanecer en el anonimato intentó romper una tabla de más de cinco centímetros de grosor y uno ochenta de alto con la tibia. Uno de los instructores que estaba presente le gritó: “si la rompes en cuatro partes me impresionará de verdad”. El sensei tenía a dos de sus estudiantes, cada uno en un extremo de la tabla, y pateó con su pierna derecha. Se quebró a lo largo. La pateó de nuevo con su pierna izquierda y la rompió en cuatro partes. “¿Así?” preguntó al instructor. Vi a este mismo instructor seguir a un estudiante fuera del dojo, que estaba rodeado por al menos un metro de nieve. Al estudiante se le habían caído las llaves del coche en un montón de nieve. Las había buscado durante cinco minutos y no las había encontrado. El sensei caminó al montón de nieve, metió la mano un segundo y sacó las llaves. “¿Cómo pudiste hacerlo?” le preguntó su estudiante. “¿Cómo no pudiste tú?” le respondió el sensei.

P: ¿Cómo respondían los occidentales al entrenamiento tradicional japonés?

R: La mayoría de los americanos que estaban en Japón respondían muy bien. Eran marines, paracaidistas, rangers y gente del Navy Underwater Demolition Team, precursor de los actuales Navy Seals. Muchos de ellos trajeron el Karate a América a finales de los 40 y principios de los 50 y aún entrenan. El entrenamiento en Japón y en los USA ha sufrido un gran cambio en estos cuarenta años. Es más técnico ahora y con más kumite. Hace muchos años hacíamos mucho kata y entrenamiento de defensa personal y muy poco kumite.

P: ¿Le resultaba natural el Karate? ¿Le salían fácilmente los movimientos?

R: No era para nada un dotado estudiante de Karate, aunque aprendí los básicos con bastante facilidad. Tuvo una época difícil para que los movimientos fluyeran y para desarrollar kime. Con años de entrenamiento desarrollé lentamente la habilidad de conseguir más potencia y mejores movimientos.

P: ¿Cómo ha cambiado y evolucionado su Karate con los años?

R: Mis técnicas ahora parecen más suaves que hace años pero realmente son más potentes. Me he dado cuenta de que gran cantidad de técnicas que antaño me impresionaban hoy no lo hacen. Ahora me doy cuenta de que las técnicas más efectivas no son impresionantes de ver, o fotogénicas.

P: ¿Cuáles son los aspectos más importantes de sus días de enseñanza?

R: Aún enseño en la medida en que el tiempo y las viejas heridas me dejan. Hoy cuando enseño intento ver mi enseñanza desde los ojos de mis estudiantes; de ese modo me hago mejor profesor. Es algo que nunca hice hace años.

P: Con todos los cambios técnicos de los últimos treinta años ¿cree que todavía existe un shotokan, shito ryu, etc. puro?

R: Uno de los conceptos básicos del budismo es que todas las cosas son impermanentes; la vida está en cambio constante desde el día que nacemos hasta que morimos. Creo que la gran mayoría de estilos de Japón y Okinawa presentes en Okinawa se están cuidando bien por sensei tradicionales japoneses y americanos. Sus varios ryu progresan en proporción razonable en los USA. Por supuesto siempre están aquellos que estudian un poco de esto y un poco de aquello, consiguiendo un cinto verde en un estilo y un marrón en otro y proclamando que son maestros de sus propios estilos.

P: ¿Cree que son importantes los diferentes ryu?

R: Lo creo. Los diferentes ryu son como un mapa moderno de carreteras que nos permite echar un vistazo en la historia del Karate y ver cómo ha evolucionado hasta lo que practicamos hoy.

P: ¿Cuál es su opinión sobre el Kickboxing y eventos tipo UFC?

R: No los sigo al estar entrenando Karate tradicional, por lo que no tengo conocimientos sobre los que basar una opinión. Creo que está bien que la gente los siga si les gusta. No me malinterpretes, no digo que sean algo malo pero prefiero las viejas disciplinas basadas en el Budo japonés. Ayudan a mejorar como seres humanos, no sólo como luchadores.

P: ¿Piensa que el Karate occidental ha alcanzado al japonés?

R: En algunos aspectos hemos hecho maravillas, por lo que mi respuesta es que sí. Pero todavía nos quedan muchos de duro entrenamiento para cogerlos por completo.

P: ¿Cree que existen diferencias importantes en las capacidades físicas de los karateka japoneses en comparación a los europeos o americanos?

R: Sí. Muchos de los instructores americanos que conozco tienen una visión general más amplia del Karate que sus homólogos japoneses. Estos, en muchos casos están mejor entrenados en los básicos que muchos americanos. Muchos de los japoneses trabajarán meses o años unos pocos básicos. La mayoría de los americanos siempre quieren aprender algo nuevo.

P: Del Karate se dice que es un deporte ¿Está usted de acuerdo con esta definición?

R: Hemos hecho un deporte de algo que nunca pretendió serlo. En este contexto creo que podríamos llamarlo deporte. Ningún deporte puede ser Budo ni ningún Budo verdadero puede convertirse en deporte. Así, el Karate se ha dividido en dos facciones, Budo y deporte.

P: ¿Cree que tiene usted que avanzar en sus estudios?

R: Ciertamente aún tengo un largo recorrido que hacer. Después de todo no estoy muerto. En Chito tyu no tenemos maestros. Cada día de práctica nos acerca a la perfección, lo que implica que no hemos dominado aún el arte del Karate. Mi profesor Chitose entrenó hasta casi el momento de su muerte en 1984. “Cada día que me pongo el karategi y entreno aprendo algo nuevo” me dijo cuando tenía ochenta y cuatro años. Espero seguir sus pasos.

P: ¿Cómo ve el Karate japonés en América?

R: Creo que está muy fuerte gracias a los profesores dedicados que se han entregado a su enseñanza. Sé de muchos dojo por USA que son casi equivalentes a los viejos dojo de Okinawa de hace décadas. Estamos progresando.

P: ¿Cree que ayuda al Karate entrenar con armas?

R: Para los estudiantes avanzados creo que el Kobudo ofrece grandes beneficios. Pienso que los principiantes debería emplear todo su tiempo de entrenamiento con los básicos de Karate.

Entrevista traducida del libro Karate Masters. Unique Publications, de José Fraguas.

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